lunes, 22 de mayo de 2023

A los profesores les están dejando una tarea difícil

 


Identificar un ensayo escrito con inteligencia artificial es bastante sencillo. Ayudar a los estudiantes a navegar por los nuevos cambios tecnológicos es mucho más complicado.

Fuente: https://letraslibres.com/ciencia-tecnologia/future-tense-alumnos-chatgpt-preguntas-cambios-tecnologicos/

La redacción sonaba a típica verborrea de último minuto para intentar describir los conceptos del curso: las oraciones transmitían, en el mejor de los casos, un entendimiento superficial sobre lo que habíamos hecho este semestre y el argumento respondía vagamente a la pregunta. Era el tipo de ensayo que usualmente me hace preguntarme: ¿Alguna vez vino a clase este alumno? ¿Les he transmitido algo de valor?

Pero faltaban los pistas que típicamente delatan a un ensayo redactado en una noche de desvelo: no había errores gramaticales ni ortográficos, ni los ejemplos extraños que a algunos alumnos les parecen profundos a altas horas de la noche, pero que suenan muy mal a la mañana siguiente. ¿Era posible que, justo antes de terminar el semestre, estuviera viendo el primer ensayo de mis alumnos escrito por ChatGPT?

Puse una parte del texto en uno de los nuevos detectores de escritura de inteligencia artificial. Antes de dar clic, caí en cuenta de lo ridículo, y tal vez desesperanzador, que era lo que estaba a punto de hacer: iba a usar una máquina para ver si otra máquina había escrito el ensayo de un alumno. Me di cuenta de que estaba viviendo una prueba de Turing, en la que yo, la persona humana, ya no podía estar completamente segura de que estaba leyendo el trabajo de otro humano o una respuesta copiada y pegada producida por una I.A. generativa.

En el semestre de otoño me preocupaba saber si los ensayos estaban siendo comprados en internet: difícil de comprobar, pero resultaban ser tan malos que a los alumnos les iba mal de todas maneras. En el semestre de primavera las reglas del juego han cambiado por completo: debo estar atenta a si una máquina ha escrito los ensayos de mis alumnos.

Después de correr la prueba (10.1% escrito por un humano, según el programa), descansé la cabeza sobre la mesa de la cocina y me invadió un sentimiento de agobio por la avalancha de cambios tecnológicos que parecen haber avanzado a la velocidad de la luz desde enero: I.A. generativa para texto, imágenes y arte (y, en menor medida, música y video), poniendo en duda en qué podemos confiar y qué es real.

Por mi paz mental, necesitaba saber si tanto mi detector interno de mentiras como el detector automatizado tenían la razón en cuanto a que el ensayo era efectivamente obra de ChatGPT. En un correo electrónico al alumno le di la opción de ser honesto sobre si había utilizado la herramienta de I.A., prometiéndole que no iba a haber una penalización en su calificación ni una repercusión ética por lo que era, en el mejor de los casos, un ensayo de 7; después de todo, no lo había prohibido explícitamente en la tarea. Me dijo que lo había hecho y, como en la mayoría de los casos en los que se hace trampa, fue porque se sentía cansado, estresado, y desesperado.

Técnicamente, había ganado mi primer enfrentamiento (conocida) contra una máquina. Sin embargo, no experimenté un sentimiento de victoria.

Estudio y enseño acerca de medios de comunicación, política y tecnología, lo que significa que ayudar a las personas a entender el potencial disruptivo de las nuevas tecnologías de los medios de comunicación para la vida cívica es literalmente mi trabajo.

Esto también ha significado que este semestre ha sido uno de los más existencialmente desafiantes en mis 17 años impartiendo clases, y eso que di clases en Washington D.C. durante las elecciones de 2016 y los primeros años de la presidencia de Trump, y en Zoom durante el principio de la pandemia (lo que puso a prueba cada molécula de mi cerebro con déficit de atención).

Este año, no solamente asumí la tarea de jugar a golpear al topo con ChatGPT, sino que también me encontré tratando de asimilar lo que podría ser el cambio tecnológico más significativo desde la introducción de los teléfonos inteligentes. Más allá de las dinámicas del salón de clases, me doy cuenta de que hoy más que nunca es importante ayudar a mis alumnos (y a mí también) a encontrar el lenguaje adecuado para hablar de los cambios que estamos experimentando, así como a formular las preguntas que debemos hacernos para poder encontrarles sentido.

El potencial disruptivo de la I.A. generativa me consumía. A mí y a los demás, por supuesto: The Atlantic proclamó la muerte del ensayo universitario; mi universidad creó una clase nueva para alumnos y profesores de distintas disciplinas que explora la ética de la I.A. y convocó una serie de webinars y juntas para ayudar a docentes a entender al nuevo leviatán al que súbitamente nos estábamos enfrentando.

Mientras tanto, en cada una de mis tres clases me he obsesionado con enseñar sobre los desórdenes de la información, o las muchas maneras en las que nuestro entorno de información está contaminado, desde deepfakesclickbaits, o incluso las noticias hiperpartidistas. Y aunque podía explicar los procesos e incentivos para crear y consumir contenidos engañosos, hubo momentos en los que me abrumaba completamente la escala y la premura con la que GPT estaba generando caos.

“No tengo nada que decir”, les dije a mis estudiantes como respuesta a las fotos falsas del arresto de Trump que habían sido creadas por un periodista de un medio muy respetado de periodismo de investigación (que, en sus palabras, dijo que “solo estaba bromeando”). Rastreamos la línea de tiempo y hablamos sobre quién podría ser vulnerable ante la desinformación, pero en realidad fue un momento de clase que parecía completamente surrealista: ¿qué podría ser lo siguiente? (Enseño en una universidad católica, así que por lo menos la foto del Papa en una chamarra blanca aligeró el momento).

Sin embargo, mis alumnos estaban innecesariamente enfocados en mistificar de más la alteración de la información, la economía de la atención, y a los gigantes tecnológicos en general, renunciando así a su propia capacidad para entender lo que está pasando. “El algoritmo” y la “I.A.” se convirtieron en “el Coco” en mi clase: palabras todopoderosas que significan el fin de las carreras y encapsulan la ansiedad causada por todo, desde la graduación y la búsqueda de trabajo hasta los ataques a los derechos LGBTQ y al aborto.

Cuando escucho a mis alumnos discutir de estos nuevos “Cocos” tecnológicos, recuerdo los errores que hemos cometido al criticar a los medios de comunicación. Cuando las palabras por sí mismas encierran tanto significado, y tantas maneras posibles de interpretarlas dependiendo del orador, renunciamos innecesariamente a nuestra capacidad de comprender la precisión y los matices que necesitamos para encontrar los puntos de intervención y separar nuestra crisis existencial de las amenazas más inmediatas a la justicia social, al medio ambiente y la democracia.

Consideremos la multiplicidad de significados para “fake news”, desde memes en línea y políticos desacreditando al periodismo basado en datos, hasta la sátira y los programas nocturnos, entre otros. Se vuelve casi imposible saber quién califica de falsa una noticia, y aun más exigir rendición de cuentas.

Además, el colapso de grandes categorías o industrias para convertirse en entes únicos y unificados exagera su capacidad de influir en el público. La mayoría de los estadounidenses dirán colectivamente que no confían en “los medios de comunicación”, imaginados como una cábala de actores oscuros que manipulan al público a través de algún tipo de intento coordinado de control mental.

Sin embargo, unas cuantas preguntas de seguimiento harán que las personas eventualmente mencionen excepciones de los medios en los que sí confían, ya sea Fox News, el New York Times, o algún canal extraño en YouTube de teorías de conspiración. Los medios de comunicación no son un monolito: están constituidos por los deseos, decisiones y preguntas de las personas que los consumen.

De la misma manera, en lo que respecta a la I.A. generativa, si nos rendimos y lamentamos el fin del ensayo universitario, el fin de la abogacía, e incluso el posible fin de la humanidad, cedemos nuestra capacidad de dictar el futuro potencial de la tecnología a las voces más poderosas que invierten en ella.

En una clase de este semestre, un estudiante hizo una presentación que mostraba las capacidades de ChatGPT: diseñó una página web básica y nos contó una adivinanza que ChatGPT respondió correctamente. El estudiante no señaló el hecho de que ChatGPT también puede estar equivocado, y los estudiantes se fueron ese día murmurando: “eso es todo, este es el final, ya no tendremos trabajos.”

Convencerlos de lo contrario ha sido extremadamente complicado, pero para mis alumnos y para el público, la manera más rápida de sentirse desesperanzados ante un cambio tecnológico aparentemente imparable es decidir que es todopoderoso y demasiado complicado como para que una persona ordinaria lo pueda comprender. Esta desesperanza paraliza a la opinión pública en general, permitiendo a las empresas tecnológicas actuar sin ningún tipo de control.

Hay una sección en el plan de estudios de mi clase “Sobreviviendo a las Redes Sociales” que se titula “What hath God wrought” (¿Qué ha forjado Dios?), en referencia al primer mensaje telegráfico enviado. Una pregunta atinada que resiste el paso del tiempo y que refleja la incapacidad de nuestro lenguaje e imaginación actuales para comprender las formas en que los avances tecnológicos pueden moldear el futuro.

En esta sección de nuestro curso, los estudiantes se enfrentan a las incógnitas de las criptomonedas, el biohackeo, el amor robot y cómo nuestra vida digital continúa después de nuestra vida mortal. Mis estudiantes son capaces de definir las preguntas que estos avances inspiran, evaluar el panorama actual e identificar futuros probables a nivel individual y social, sin ser genios tecnológicos ni informáticos.

A eso quería llegar con el título de la sección. El hecho de que el primer mensaje por telégrafo de Samuel F.B. Morse de 1844, basado en un pasaje bíblico, todavía plantea una pregunta relevante debería darnos alguna esperanza de que tenemos la oportunidad para recuperar el control sobre un mundo que parece cada vez más cercano que nunca a una aniquilación tipo Terminator. (En nuestra trabajo final, indiqué específicamente a mis alumnos que poner una imagen en PowerPoint de un holocausto nuclear no era una respuesta aceptable a la pregunta sobre los peores escenarios posibles).

Lo que espero haber enseñado a mis alumnos es que cuando desarmamos los términos generales que hacen tan imposible aprehender este momento –“I.A.”, “algoritmo”, “Big Tech”– se abre la posibilidad de observar cómo las mismas preguntas y puntos de partida de críticas previas a la tecnología nos han preparado acertadamente para este preciso momento.

Podemos comenzar por lo básico: ¿A qué tipo de inteligencia artificial te refieres y qué uso o función específica te preocupa? ¿Quién hace dinero con este desarrollo particular de la tecnología? ¿Quién tiene la capacidad de implementar una regulación o fomentar su desarrollo?

O tal vez, de manera más simple, sería bueno que tomáramos en consideración lo que el futurista y experto en tecnología ética Jaron Lanier comentaba recientemente en el New Yorker: “la perspectiva más pragmática es considerar a la I.A. como una herramienta, no como un ente.” Cuando recordamos esto, que hemos creado estas tecnologías como herramientas, estamos facultados para recordar que tenemos la capacidad de moldear su uso.

Para fines prácticos, estoy tratando a GPT como una calculadora: la mayoría de nosotros usamos calculadoras en clase de matemáticas y de todas maneras no sacamos calificaciones perfectas. Después de descubrir mi primer ensayo elaborado con ChatGPT, decidí que, de ahora en adelante, los estudiantes pueden usar la I.A. generativa en las tareas, siempre y cuando expliquen cómo y por qué lo hicieron. Espero que esto me lleve a golpear menos mi cabeza contra la mesa de la cocina y que, en el mejor de los casos, sea una lección en sí misma. ~



jueves, 11 de mayo de 2023

Por qué ni Milei (ni nadie) podrá implementar los vouchers educativos: 11 puntos para entenderlo

 Las razones por las cuales no es posible ejecutar la medida que propone el candidato a presidente de La Libertad Avanza.

El tema de los vouchers educativos o “sistema de libre elección de escuelas” es tan complejo que lleva tres clases en el curso de posgrado sobre sistemas educativos comparados. Por eso, van 11 puntos esquemáticos para entender de qué se trata y por qué Javier Milei no los podrá implementar (ni nadie) en la Argentina bajo su (posible) presidencia.

  1. El sistema de vouchers educativos se basa en que los fondos de educación del Estado no van a la oferta educativa (salarios, edificios, becas, útiles) sino a la demanda: cada familia recibe un vale (voucher) que equivale al dinero de la escolarización de cada uno de sus niños.
    Con ese voucher, cada familia elige la escuela que quiera para sus hijos (pública o privada; cerca o lejos; religiosa o laica; progre o conservadora; con disciplina férrea o con inteligencia emocional; rosista o sarmientista, tecno o anti-tecno, etc.) de acuerdo a sus preferencias, por eso el sistema también se llama de “libre elección de escuela”. Si es una escuela pública, entrega el voucher y nada más; si es privada, deberá pagar un “copago”. Dato interesante: con el voucher se acabarían en la Argentina los subsidios a las escuelas privadas.
  2. Ese dinero sigue al alumno por lo que si una familia está disconforme puede llevarse el hijo y su voucher a otra escuela. Las escuelas, por tanto, dependen de la elección de las familias. Si una escuela (pública o privada) pierde alumnos al punto de no sostener sus costos, cierra.
    Según la teoría, se genera competencia entre escuelas para captar alumnos y por eso también se denomina “cuasi-mercado educativo”: las escuelas compiten como si fuera un mercado pero con financiamiento estatal. La idea es que la competencia genera incentivos a mejorar la calidad de la educación y a una inversión en la escuela más eficiente.
  3. El referente original del sistema de vouchers educativos fue el economista liberal Milton Friedman en unos pocos párrafos de un libro que publicó junto a su esposa pero sus propuestas de política pública fueron muy generales y poco prácticas. Hacia 1988 dos autores norteamericanos, John Chubb y Terry Moe, publican el trabajo icónico más serio, con fundamentos estadísticos y políticos: habían sido los asesores estrella de la reforma pro mercado de Margaret Thatcher.
    Pero no todo es neoliberalismo y derecha: también hay propuestas de vouchers por izquierda: en 1993 el economista post marxista Herbert Gintis propuso un voucher “igualitarista” que aseguraba incorporar lo mejor del mercado y lo mejor del Estado.
  4. Hay muy pocos países con sistema de vouchers educativos y la mayoría se implementaron entre los 80 y principios de los 90: Chile, Nueva Zelanda, Suecia y poco más. Holanda es la excepción porque tiene un sistema muy parecido al de vouchers desde 1919. Nótese que se trata de países con perfiles sociales y políticos muy diferentes entre sí: en Chile fueron implementados en 1981 por Pinochet; Suecia y Holanda son países con estado social fuerte (Suecia, el país más justo del mundo ¡tiene vouchers!) y Nueva Zelanda que tiene un modelo clásicamente ortodoxo (“neoliberal”). No parece haber un patrón ideológico muy marcado.
    Si bien es cierto que estos países son relativamente exitosos en términos de evaluaciones internacionales de los aprendizajes (Chile está por encima de la media latinoamericana) a muchos otros países les va muy bien sin vouchers. O sea, la evidencia es controversial y no está claro si les va bien a causa de los vouchers. Algunas investigaciones han sostenido que la libre elección de escuelas genera mayor segregación socioeconómica, pero hay países sin vouchers que tienen igual o mayor segregación socioeconómica en sus escuelas. En fin… nada es concluyente ni determinante.
  5. En Estados Unidos no hay sistema de vouchers aunque hay fundaciones y estados que sortean becas para que las familias puedan pagar la escuela privada que elijan. Los llaman “vouchers” pero no cumplen con los requisitos de un cuasi mercado: el nombre es una forma de promocionarlos, pero nunca fueron implementados. Donald Trump lo había prometido en su campaña presidencial y para eso nombró a cargo de la educación de su gobierno a Betsy de Voss, una referente de la movida pro mercados en educación, pero durante su gobierno no avanzó absolutamente nada. Veremos por qué.
  6. Hoy no hay ningún país del mundo que avance hacia un sistema de vouchers. Fue una corriente de los 80 y principios de los 90 que se agotó. Incluso el Banco Mundial y la OCDE, basados en los datos de las pruebas PISA, se posicionan en contra de estimular vouchers. La vida te da sorpresas.

¿Por qué un presidente argentino no puede implementar vouchers?

A diferencia de la propuesta de dolarización de la economía, la dificultad para aplicar un sistema de vouchers en la Argentina no radica en problemas técnicos o en las consecuencias sino en su imposibilidad fáctica, que se remonta 180 años atrás.

  1. Hoy un Presidente no puede establecer un sistema de vouchers educativos porque según la Constitución de 1853 (con sus reformas de 1860 y 1994) la educación depende de cada una las provincias, no del gobierno nacional. Es decir, para instalar un sistema de libre elección de escuelas se debería modificar el artículo quinto de la Constitución Nacional, desempoderar a las provincias, nacionalizar la educación y cambiar el esquema de coparticipación federal de impuestos. Este fue el mismo motivo que inhibió a Trump: el carácter federal del sistema educativo.

Pero si aún así quieren hacerlo, hay algunas opciones algo menos lisérgicas:

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  1. Opción A: Dinamitar el Ministerio de Educación de la Nación y todo ese gasto transferirlo a las familias de la Argentina. Técnicamente no sería un voucher sino una“beca”, pero nos sacamos el gusto. La dificultad es que todo el dinero nacional hoy disponible para repartir entre alrededor de 10 millones de estudiantes serían unos irrelevantes $3.000 por mes… y su única utilidad como voucher sería ayudar muy poquito a pagar la escuela privada.
  2. Opción B: Semi dinamitar el Ministerio de Educación y con ese dinero establecer acuerdos pro vouchers con provincias incentivadas por mayor financiamiento nacional vía vouchers. La dificultad es que dada la exigua cantidad de dinero de la Nación destinada a la educación (y suponiendo la obviedad de que los que proponen voucher no quieren aumentar el gasto público) solo unas pocas provincias con pocos estudiantes podrán postularse voluntariamente a la aventura. Además, faltaría una burocracia nacional muy grosa para coordinar el desbole, así que cuidado con lo que semi-dinamiten.
  3. Opción C: Des-dinamitar el Ministerio de Educación e inyectarle muchos más recursos para volver a crear y gestionar escuelas nacionales en cada provincia como lo dispuso la Ley Lainez en 1905. Una dificultad adicional de este escenario absurdo es que en la Argentina de 2023 (a diferencia de la de 1905) la educación ya no está en expansión acelerada por lo que este sobre financiado al sector nacional sería muy chico hasta que la gente lo prefiera más y se aumente el gasto o se baje el valor del voucher.
  4. Rezar para que semejante desbole salga bien en sus términos, sea bien implementado de acuerdo a su esencia y además tenga efecto positivo en la inclusión y la calidad educativa: la evidencia es controversial porque no está claro si el virtual éxito relativo de los países con vouchers se debe a los ellos o a otra cosa.

En resumen, constitucionalmente hoy es imposible y las opciones subóptimas son tan complicadas legal, política y sobre todo financieramente que resultan cuasi lisérgicas. Sólo una buena presentación en power point las puede hacer parecer sensatas.

Pero claro, esto es Argentina.

Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella. Académico Asociado de Argentinos por la Educación.

miércoles, 10 de mayo de 2023

Vouchers educativos: cómo funciona el sistema que propone Milei para reemplazar "la educación gratuita y obligatoria"

 

El precandidato a presidente por La Libertad Avanza presentó su política en materia de educación, imitando el programa que tiene Chile y otros pocos países del mundo.

Fuente: https://www.perfil.com/

"Si querés estudiar, vas a tener un voucher y vas a poder estudiar", afirmó esta semana el precandidato presidencial por La Libertad Avanza, Javier MileiSu programa educativo en caso de ser electo generó polémica, ya que indicó que eliminaría la obligatoriedad y la gratuidad del sistema educativo actual. En su lugar, propuso usar unos "vouchers", medida que está siendo utilizada por algunos países, como Chile.

"El sistema de la obligación no funciona. Si querés estudiar, vas a tener un voucher y vas a poder estudiar. El tema de la obligatoriedad es querer controlar a los seres humanos e imponer tu patrón moral. El que quiera estudiar, estudia, pero obligar no me gusta", había expresado el libertario.

Milei anticipó que en su gestión "la educación dejará de ser gratuita" y encendió una nueva polémica

Y agregó: "¿El sistema como está ahora funciona bien? El 60% de los chicos de 10 años no lee ni entiende un texto y en Matemática estamos peor. En las pruebas PISA estamos pésimo y nos echaron por fraguar la muestra. Aún así dio mal".

Para el diputado, la manera de resolver la problemática educacional es a través de un sistema de vouchers. Esta propuesta se trata de implementar una lógica de mercado en el sistema educativo, a partir de la cual la educación es vista como un bien y se busca financiar la demanda (los alumnos) en lugar de la oferta (las escuelas).

Bajo esta premisa, son los estudiantes los que reciben el dinero destinado a la educación y recaudado por el Estado a través de impuestos. El presupuesto total se divide entre los niños en edad escolar, determinando así el valor de cada cheque escolar. Las familias reciben estos vouchers con el objetivo de decidir cuál es la mejor institución para enviar a los menores.

Javier Milei 20230416
Ante la controversia que generó su propuesta, Milei aseguró que "a nadie le va a faltar la educación que tiene".

A través de esta lógica de mercado, los colegios tendrán que competir entre sí para "atraer" a la mayor cantidad de alumnos posibles. Siguiendo esa línea de pensamiento, se cree que las escuelas se esforzarán para conseguir destacarse con respecto a la "competencia".

"La educación es un desastre y el país un baño de sangre. Hay un Estado fallido que todo lo que hace lo hace mal. Las instituciones tiene que competir y ser buenas. Vas a tener educación pública y educación privada. La diferencia es que no vas a ser rehén del adoctrinamiento del Estado", manifestó al respecto el precandidato libertario.

"En el mundo ideal, vos podés tener un sistema de vouchersvos estudiás y te doy los vouchers", expresó Milei. Y agregó: "Yo te lleno una tarjeta para que vos pagues la institución a la que quieras ir. Podés ir a una de gestión estatal o privada. Elegís la que te de la gana".

El origen de los "vouchers educativos" y su impacto en países que los adoptaron

Este sistema educativo fue propuesto durante la década de los sesenta por el economista Milton Friedman como una alternativa liberal a partir de la cual se favorecería la elección de cada padre sobre la educación de sus hijos. Con el paso del tiempo, distintos países implementaron esta medida con resultados variados. Algunos de ellos son Chile, Nueva Zelanda, Dinamarca y Suecia.

En el caso del país sudamericano, los resultados en las pruebas internacionales lo posicionan como líder en la región, aunque eso no es indicador de que la mejora en materia educativa sea producto del sistema de cheques escolares. En cuanto a Suecia, ejemplo que en el pasado Milei usó para asegurar que "esto funciona", entre 2003 y el 2012 fue obteniendo peores resultados a medida que pasaban los años. Sin embargo, en la última edición de los PISA estuvo entre los diez Estados mejor situados y en el top cinco de Europa.

Javier Milei: "Quizás alguien no tiene plata y no quiere que lo adoctrinen con las basuras marxistas”

Esta no es la primera vez que el funcionario libertario propone un sistema de vouchers en lugar del modelo educativo actual. En ese sentido, en 2021 ya había criticado la situación de la Argentina en materia de educación, ante lo que destacó la alternativa de los cheques escolares.

"Todas (las escuelas) van a ser aranceladas, pero uno puede usar el voucher para ir a la que uno quiera, estatal o privada. Y en el proceso, todas las instituciones van a tener que competir y eso genera un mejor servicio", mencionó en aquella oportunidad. Además, explicó que "la sociedad decide que haya Estado, entonces se recauda el dinero para financiar la educación de todos, y ahí cada uno recibe un voucher, y con ese voucher decide libremente en qué institución estudiar".

MB / ED

domingo, 30 de mayo de 2021

Horror en Canadá: hallaron los restos de 215 niños indígenas en una vieja escuela

 

De acuerdo a una investigación reciente, el sistema de escuelas residenciales de ese país separó por la fuerza a los niños indígenas de sus familias y constituyó un “genocidio cultural”.

Fuente: Página 12

Un equipo de investigación encontró recientemente una fosa común con restos de 215 niños indígenas en la Kamloops Indian Residential School, una antigua escuela situada en Columbia Británica, oeste de Canadá, que estaba destinada a “integrar” a los pueblos originarios del país. El equipo descubrió los restos humanos el pasado fin de semana utilizando un georradar en el lugar donde se encontraba el internado, según anunció la comunidad aborigen Tk'emlups te Secwepemc, en un comunicado de prensa.

"Algunos apenas tenían tres años", dijo Rosanne Casimir, jefa de la comunidad, sobre los niños. Según ella, su muerte, cuya causa y fecha se ignoran, nunca fue registrada por la dirección del internado, aunque su desaparición ya había sido mencionada en el pasado por miembros de esa comunidad.  “Teníamos un conocimiento en nuestra comunidad que pudimos verificar. En este momento, tenemos más preguntas que respuestas”, señaló en un comunicado Casimir.

Por el momento, los dirigentes de la comunidad se encuentran trabajando con expertos en museos y la oficina forense para establecer las causas y el momento exacto de las muertes. Almismo tiempo, la  comunidad Tk'emlups te Secwepemc se ha organizado para contactar a las comunidades de origen cuyos hijos asistían a la escuela. Se espera que los resultados preliminares de la investigación se publiquen en un informe en junio, dijo Casimir.

"Me rompe el corazón", reaccionó en Twitter el primer ministro canadiense, Justin Trudeau. "Es un triste recuerdo de este oscuro y lamentable capítulo de nuestra historia. Mis pensamientos están con todos los afectados por esta desgarradora noticia", escribió el mandatario, que ha hecho de la reconciliación con los primeros pueblos de Canadá una de sus prioridades desde que asumió el cargo en 2015.

La institución educativa donde fueron hallados los restos cerró en 1978 y todavía es un símbolo de un sistema de escuelas residenciales que fue tildado por el  Trudeau como un “capítulo vergonzoso de la historia de nuestro país”. En 2008, el gobierno canadiense se disculpó formalmente por este sistema.

El antiguo internado, gestionado por la Iglesia católica en nombre del gobierno canadiense, fue una de las 139 instituciones de este tipo creadas en el país a finales del siglo XIX. Se inauguró en 1890 y llegó a tener 500 alumnos en la década de 1950. Cerró sus puertas en 1969.

Unos 150.000 niños amerindios, mestizos e inuit fueron reclutados a la fuerza en estas escuelas, donde fueron apartados de sus familias, su lengua y su cultura. Muchos fueron sometidos a malos tratos o abusos sexuales, y entre 3.200 y 4.100 murieron, en su mayoría de tuberculosis. Se cree que las muertes de los 215 chicos enterrados en los predios de lo que fue la escuela residencial más grande de Canadá no se incluyeron en esa cifra y parecen estar indocumentados.

 En 2015, el informe de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación de Canadá, creada en 2008 para investigar y denunciar el sistema de residencias escolares, concluyó que el país norteamericano utilizó los internados como herramienta para cometer un "genocidio cultural" contra la población indígena del país. 

"Durante más de un siglo, los objetivos centrales de la política de Canadá hacia los aborígenes fueron eliminar los Gobiernos aborígenes; ignorar los derechos aborígenes; terminar los tratados y, a través de un proceso de asimilación, causar que los pueblos aborígenes cesasen de existir en Canadá como entidades diferenciadas legal, social, religiosa y racialmente", señaló la Comisión en su informe final. "El establecimiento de las escuelas residenciales fue un elemento central de esta política, que puede ser descrita mejor como 'genocidio cultural'", añadió. 

La comisión investigadora había escuchado el testimonio de varios nativos americanos que decían que la pobreza, el alcoholismo, la violencia doméstica y las altas tasas de suicidio que todavía golpean a muchas de sus comunidades son en gran medida el legado del sistema de escuelas residenciales.

Fue un sistema educativo que separó por la uerza a los niños indígenas de sus familias f, dice el informe, que documentó abusos físicos, violaciones, desnutrición y otros tipos de violencias que sufrieron muchos de los 150.000 niños que asistieron a las escuelas, generalmente dirigidas por iglesias cristianas amparadas por el gobierno desde la década de 1840 hasta la de 1990, concluyo la comisión investigadora.

En 1910, el director de la institución de Kamloops se quejó de que el gobierno canadiense no proporcionaba suficientes fondos para "alimentar adecuadamente a los estudiantes", según la declaración de la comunidad. Ottawa se disculpó formalmente con los supervivientes de los internados en 2008 como parte de un acuerdo de 1.900 millones de dólares canadienses (1.300 millones de euros).

En tanto, el jefe regional de la Asamblea de las Primeras Naciones de la Columbia Británica, Terry Teegee, expresó en un comunicado que la búsqueda de esas tumbas es un “trabajo urgente” que “refresca el dolor y la pérdida de todas las Primeras Naciones de la Columbia Británica”.




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martes, 18 de mayo de 2021

"Hay una crisis de la mente crítica"

 

Franco "Bifo" Berardi, activista emblemático del movimiento insurreccional italiano del 68

En La segunda venida, su libro que acaba de editar en Argentina, si bien habla del fin del mundo, en un sentido más o menos metafórico, también se pregunta si es posible cambiarlo para mejor.

Dolores Curia
Por Dolores Curia
Fuente: Página 12 



La de Franco Berardi --teórico y activista emblemático del movimiento insurreccional italiano del 68, mejor conocido como “Bifo”-- es una filosofía en llamas. Un pensamiento que por su pretensión de hablar de las cosas mientras pasan a veces lo pone en peligro de pecar de filósofo-pitonisa, o de agorero. Dice que falta desacelerar y pensar. Parafrasea a Marx a contramano: pide que volvamos a interpretar el mundo, antes de transformarlo. Ejercer la crítica es, dice Bifo, un desafío en tiempos en los que la información va más rápido que la capacidad de procesarla. Hace tiempo que se preocupa por los modos en los que la aceleración informática está cambiando la sensibilidad y la capacidad de deliberación.

En La segunda venida, su libro que Caja Negra acaba de editar en Argentina, si bien habla del fin del mundo, en un sentido más o menos metafórico, también se pregunta si es posible cambiarlo para mejor. ¿Es todavía viable la convivencia y la empatía en un contexto de guerra civil global, de efervescencia neofascista y de lo que Berardi llama “apagón de la sensibilidad”, una ola de “idiotez propagada por el mundo” en forma de “rebeldía contra la ciencia y la razón”? El estado de situación que describe es la caída de “la ilusión neoliberal” que arrastra hacia “una obsesión con la política indentitaria” (los neonacionalismos, los racismos). “¿Cómo podemos pensar en recomponer un cuerpo tan disgregado, una mente tan miedosa?”, se pregunta Berardi en diálogo con Página12.

En los 70 Berardi participó de la creación de la pirata Radio Alice, una de las más famosas experiencias europeas de comunicación cooperativa. Hacia finales de los años 70 fue arrestado, en el contexto de las persecuciones contra militantes de la autonomía obrera, la radio fue clausurada y Bifo terminó exiliado en París, donde se vinculó con Félix Guattari y a Michel Foucault. Durante los 80 vivió en Estados Unidos, empezó a investigar sobre el cyberpunk. En 2002 fundó TV Orfeo, la primera televisión comunitaria italiana. Hoy, trabaja como maestro de escuela media en el Instituto Aldini Valeriani, en Bolonia. Este libro es la aventura de un diagnóstico. Y también un manual de instrucciones para lidiar con un mundo zombi, que Berardi describe como el ejército de autómatas --que somos todxs-- sin tiempo ni capacidades cognitivas suficientes para elaborar la complejidad del mundo contemporáneo. Berardi tiene 68 años y en La segunda venida, relata que vive en el mismo barrio donde vivía cuando era estudiante, hace 50 años. “Prácticamente nada ha cambiado en el paisaje excepto los estudiantes. Los veo desde mi ventana: solitarios, mirando las pantallas de sus smartphone, apurándose nerviosamente para no llegar tarde a clase, volviendo con caras tristes a los costosos cuartos que les alquilan sus familias. Siento su melancolía, siento su agresividad latente en su depresión. Sé que esa agresividad puede brotar y expresarse bajo el estandarte del fascismo. No del viejo fascismo que explotó de energía futurista, sino del nuevo fascismo que resulta de la implosión del deseo, del intento de mantener bajo control el pánico y de la rabia depresiva de la impotencia”.

--La anterior es una cita que sin duda lleva a la pregunta: ¿No hay en esos modos de conexión --por su globalidad, por su velocidad-- posibilidades emancipadoras?

--Claro que sí, claro que hay enormes potencialidades de emancipación tanto en los medios digitales como en el progreso técnico en general. Pero la transformación técnica y mediática implica una mutación antropológica, y particularmente psíquica, que tenemos que valorar. Seguramente yo me pierdo mucho del potencial de la nueva tecnoesfera, pero la generación que más sufre es la nueva. Hay toda una literatura (pienso en el libro de Jean Twenge sobre la generación hiperconectada, por ejemplo) que muestra cómo la mutación conectiva está produciendo una ola de psicopatía que golpea sobre todo a la generación que aprendió a decir más palabras gracias a una máquina que a la voz de la madre.

--Dice que a la humanidad no le queda alternativa: comunismo o extinción. Nos invita a prepararnos a cuando acontezca lo imprevisto, la irrupción de un neocomunismo que poco tiene que ver con el de 1917. Pero no dice cómo llegaremos a él...

--Marx ha dicho, no me acuerdo cuándo, que no le interesaba escribir recetas para el restaurante del porvenir. Y, de hecho, no se puede encontrar una descripción utópica del futuro comunista en su obra. ¿Por qué? Porque el comunismo no es un estado futuro, es la tendencia posible. No la necesaria --cuidado--, la posible. Hoy, en el agujero negro que se va revelando con la pandemia, y sobre todo después de cuarenta años de devastación sistemática de tipo nazi-liberal, me parece que la perspectiva más probable es un proceso caótico de autodestrucción del género humano. Pero también veo una tendencia hacia la formación de comunidades igualitarias y frugales. Igualdad y frugalidad son los caracteres esenciales del comunismo posible y urgente (pero a nivel mayoritario, no muy probable). Frugalidad no significa sacrificio, ni pobreza. Al contrario, significa una relación concreta con lo útil. Una autonomía en la relación de intercambio abstracto de valor, y autoproducción comunitaria del concreto útil. No hay una tercera alternativa. O la frugalidad igualitaria o la barbarie desencadenada, la violencia totalitaria, la guerra global, la devastación mortífera. Comunismo o extinción.

--Sobre el concepto de conciencia de clase hoy: ¿Existe todavía? ¿Dónde reside hoy la conciencia de clase? ¿Qué formas toma?

--“Conciencia de clase” es un concepto que tenemos que precisar. ¿Qué es? ¿El efecto intelectual de la pertenencia a una clase social? ¿Un efecto determinista? ¿La posibilidad de compartir formas de pensamiento, de comportamiento? No lo sé. Yo prefiero pensar en términos de composición de clase para referirme a la estructura material del trabajo y de la sociedad, y de subjetivación para referirme al proceso de formación de un movimiento fundado sobre la condición material pero cargado de inconsciencia, de mitologías comunes, de imaginación, de deseo. Tenemos que investigar el inconsciente colectivo más que la conciencia de clase. El proceso de subjetivación contemporáneo es el resultado de una larga época de agresión mediática al cerebro colectivo, de disgregación del trabajo, de concurrencia entre trabajadores provocada por la precariedad, y, como si esto fuera poco, el resultado de un largo tiempo de aislamiento, de distanciamiento.

--La pandemia produjo una desaceleración del flujo de información y estimulación permanente. Por lo menos, durante los primeros momentos. ¿Se puede hablar de una desaceleración hoy, un año después?

--La deflación del ritmo cognitivo, psíquico y social es un aspecto que se manifestó claramente al comienzo de la pandemia pero que después nunca desapareció. La mayoría de los trabajadores, y sobre todo de las trabajadoras, no han podido relajarse mucho en la fase pandémica. A pesar del peligro de contagio, han sido obligados y obligadas a continuar con su trabajo. El efecto deflación sigue siendo dominante en la mente colectiva, no solo porque hay muchas cosas que no se pueden hacer, sino sobre todo porque las expectativas de la época neoliberal (crecimiento constante, competencia ininterrumpida, mitología de la energía competitiva y agresiva, mitologías publicitarias) se han visto disueltas. La euforia agresiva producida por la ideología neoliberal no volverá, creo. Solo puede regresar la tristeza agresiva, la rabia depresiva que se manifiesta como histeria de la libertad individualista. La fuerza de la derecha hoy se funda sobre esta tristeza: el fascismo como reacción histérica a la depresión.

--Hablando de subjetivación contemporánea y mitologías... el filósofo francés Jacques Rancière dice que se ha exagerado con respecto al efecto que tienen en ésta las fake news. Que éstas no representan necesariamente un engaño. Dice: No creo que la gente que adhiere a las teorías conspirativas haya sido engañada. Adhieren porque están de acuerdo, su problema no es si es cierto o no, sino si les gusta o no. ¿Qué opina usted?

--Coincido. La noción de fake news está vacía. Siempre ha habido noticias falsas en el discurso público. Hoy hay muchas más porque el volumen de información se ha ampliado. Lo que ha cambiado no es la falsedad del discurso: hay es una crisis de la mente crítica. La crítica no es una facultad natural de la mente humana, se manifiesta cuando la comunicación pública se convierte en comunicación escrita. La crítica deviene una modalidad del discurso público cuando una parte amplia de la población puede leer y releer textos escritos. La crítica necesita del ritmo de la comunicación. Cuando el ritmo de la comunicación se acelera hasta el ruido blanco, la mente pierde su capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso. No podemos contar mucho con la mente crítica. En el futuro, la capacidad crítica habrá desaparecido de la mente humana, será solo el privilegio de una minoría que pueda leer y abstraerse del ruido.

--Entonces, ¿cómo podemos pensar en producir efectos de solidaridad, de emancipación, si no hay crítica?

--Este es un punto... En el pasado, la mente crítica era la condición de la subjetivación progresiva y solidaria. Hoy creo que solo puede serlo la sensibilidad, un tipo de sentimiento mucho más sutil, que no concierne a la razón, que sobre todo concierne a la emoción, al sufrimiento, al placer. Por eso, me parece que la comunicación política tiene que transformarse en comunicación esencialmente estética, en un sentido más amplio de la dimensión del arte. Estética no es solo la facultad de entendimiento del arte, es también la facultad de entendimiento de la percepción psíquica, del dolor, del deseo...

--Hay una sensación de que la rebeldía y la irreverencia se volvieron de derecha y que la izquierda quedó ligada a la corrección política. O como se ha dicho por ahí: que las izquierdas no aprendieron a hacer memes. ¿Cómo lo ve usted?

--¡No estoy de acuerdo! Todo lo contrario, en los últimos cincuenta años, desde el Mayo Francés hasta al black power, desde el Movimiento Antiglobalización hasta Occupy Wall Street, los memes más poderosos y más significativos han sido el producto del progresismo. La derecha no es ni más inventiva ni más inteligente.

--¿Pero no cree que hay algo de los modos de convocar que está fallando?

--Creo que hoy la derecha puede fundar su comunicación sobre una verdad profunda que la izquierda no sabe interpretar: la impotencia, la agresividad que nace de la impotencia. La derecha habla directamente del sufrimiento de los hombres blancos envejecidos, y de los hombres blancos que son jóvenes pero que están deprimidos y furiosos por su impotencia política, psíquica y sexual. No habla de manera sincera, naturalmente. Habla a los impotentes exaltando la potencia infinita de la raza, de la violencia, del trabajo, de la competencia. La izquierda sigue repitiendo palabras cada vez más vacías sobre la democracia. La democracia está muerta, es un ritual ineficaz cooptado por automatismos técnicos y financieros. Es un ritual inútil porque las condiciones de formación del pensamiento colectivo y de la decisión colectiva son manipuladas por el predominio mediático del capital. La democracia es una condición política buenísima y favorable al progreso social cuando hay fuerza cultural para imponer los intereses de los explotados. Es una metodología. La izquierda transformó la democracia en un valor. Y la democracia no es un valor: es una condición de posibilidad. Y ahora esta condición ha sido destrozada.

--En La segunda venida ha escrito que “en los 60 los partidos de izquierda y los sindicatos vieron en la tecnología un peligro, en lugar de una oportunidad de la cual adueñarse para volcarla en el interés de la sociedad”. ¿Cuál es la actualida-d de este problema?

--El movimiento obrero y progresista percibió a las tecnologías conectivas como un peligro. Lo eran, pero al mismo tiempo eran la condición para entender la nueva composición social. Ahora ya es tarde para entenderlo, porque las nuevas tecnologías ya se han consolidado como infraestructuras de un poder transpolítico. La fuerza y la pertinencia misma de la política se han disuelto. Hoy el problema de la subjetividad social se mide en términos psicoanalíticos, no políticos. No existirá en el futuro el objetivo de gobernar el conjunto de la sociedad. Se pondrá el foco en el problema de proteger comunidades autónomas capaces de vivir en condiciones de aislamiento, pero al mismo tiempo, capaces de interactuar en condiciones de autosuficiencia alimentaria, educacional, tecnológica.

--También dice que la humillación, como concepto, no ha sido tematizadalo suficiente por la teoría política. ¿Por qué es clave hoy? ¿Cómo hacer para ofrecerle a los humillados otras vías de escape que no sean el fascismo?

--Gunther Anders, un judío de Alemania que se casó con Hannah Arendt, ha sido el pensador que mejor entendió estos temas de la humillación como efectos de la omnipotencia de los automatismos técnicos y como causas del fascismo. En los años 60, bajo el influjo de lo que sucedió en Hiroshima y de la proliferación de las armas nucleares, Anders publicó un libro que se titula Die Antiquiert der Menschen. Ahí dice que los hombres perciben la omnipotencia de la máquina (que es un producto de la inteligencia humana) como algo que supera y aniquila la inteligencia humana misma. Ahí hay un núcleo profundo de la humillación como concepto político. A la intuición de Anders hoy debemos añadir una nueva dimensión de la humillación masculina: la impotencia psíquica y sexual vinculada al envejecimiento de la población blanca en el planeta.


“La calidad de la educación en un enfoque competencial”

Bienvenido sea el controvertido término de las  “competencias básicas” , entendidas como capacidades holísticas e integrales, como conjuntos...